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Una oportunidad para seguir viviendo en el pueblo

Casas rurales, tiendas, peluquerías, clínicas… existe un auténtico abanico de posibilidades para emprender y seguir viviendo en los pueblos. El Gobierno de Navarra publicará en los próximos meses la convocatoria de ayudas a la creación de empresas para actividades no agrarias en zonas rurales, destinada a agricultores o sus familiares de primer grado, con el objetivo de propiciar nuevas oportunidades laborales para evitar la despoblación de las zonas rurales y fomentar la competitividad en el sector agrícola mediante diversificación a actividades no agrarias.

Desde el año 2016, 71 personas se han acogido a dichas ayudas, de las cuales, 30, más del 40 % han sido gestionadas por UAGN. “Creo que es una convocatoria muy interesante, ya que nos permite crear negocios, que, de otra manera, sería seguramente inviable”, manifiesta Javier Elarre, agricultor de Olite, que ha abierto recientemente la tienda de alimentación “La huerta del Castillo”, en el barrio pamplonés de Ripagaina.

Su idea de negocio surge ante la dificultad que tenía para obtener rentabilidad de su producción de Espárrago de Navarra, su producto estrella en la tienda, y por disponer de nuevos ingresos que permitan el mantenimiento de la actividad agraria de la familia. “Lo que yo mismo produzco es el valor añadido en mi tienda, ya que está recién cogido de la huerta y aporta una gran frescura. Tengo una gran selección de productos locales, muchos de ellos son de mi explotación, y otros, como kiwi de Baztán, castañas de Ultzama o alcachofa de Tudela son de otros agricultores de Navarra”, explica.

Este joven agricultor de 29 años proviene de una familia tradicionalmente agrícola. Recuerda que le gusta el campo “desde antes de tener dientes”. Estudió Grado Medio de Mecanizado y tras varios años trabajando como tornero, comercial y operario en una empresa agraria, decide emprender como joven agricultor, con la ayuda de su tío. “Mi tío estaba a punto de jubilarse y finalmente decidí instalarme, un poco antes de su jubilación y actualmente me encargo de su explotación”.

Explica que para emprender en el sector agrario existen muchas dificultades: “Creo que la Administración favorece la instalación de jóvenes en el sector, pero la ayuda es insuficiente porque debemos invertir mucho dinero y si no es por tradición familiar, es inviable”.

Desde que se instaló en 2017, ha ido ampliando su explotación agraria y hoy tiene más de 10 cultivos diferentes, entre los que destaca el espárrago, la viña, el cereal y el olivo. “En el campo tenemos que estar todos los días pendientes del cielo y me animé a montar la tienda por diversificar mi modelo de negocio y, sobre todo, para dar mayor valor a mis productos, y además creo puestos de trabajo. Me considero una persona inquieta y emprendedora y creo que hay que buscar nuevos retos”, cuenta Elarre.

En el municipio de Burgui, en octubre de 2018, se cierra la tienda de alimentación por jubilación del propietario y falta de relevo generacional, después de toda una vida abierta

Sandra Gascón, de 49 años, a través de la convocatoria de ayudas de diversificación decide abrirla de nuevo. Su marido, Arturo Glaria, tiene una explotación de vacuno de carne y Sandra Gascón cuenta cómo quizás lo más sencillo hubiera sido ampliar y continuar la explotación ganadera que

Sin embargo, esta mujer natural de Figarol, se considera emprendedora, “en mi familia, mis hermanos somos autónomos, en mi casa siempre se nos ha educado en la autonomía. Mis padres tenían una tienda de alimentación y todos echábamos una mano en el negocio familiar”, relata. “Se pueden abrir negocios complementarios, no tenemos que renunciar a lo que nos gusta y si tienes interés en quedarte en el pueblo se puede, no tiene que ser una tienda, una casa rural o un bar, tenemos muchas oportunidades, a través de las nuevas tecnologías y el teletrabajo, si se quiere se puede, se trata de actitud.”

Vocación de servicio
La “Tienda de Sandra” realmente aporta rendimiento en verano, para mantener el servicio el resto del año. Sandra Gascón explica como “una tienda es una puerta abierta en el pueblo. A mi me viene muy bien porque puedo trabajar aquí, pero además ofrezco un servicio a los vecinos, ya que la tienda no es solo un negocio, sino un lugar de encuentro, sobre todo de mujeres. Los vecinos vienen a compartir conversaciones”, detalla.

Continúa narrando cómo “en estos valles que se despueblan, tenemos que pensar que puedo aportar yo para seguir viviendo aquí y dar un servicio. Los vecinos debemos no solo poblar, sino hacer pueblo, pueblar y hacer vecindad”. Además de productos de alimentación y primera necesidad, prefiriendo los de cercanía, ofrece otros servicios como prensa, flores o cajero . “Con estos servicios, que apenas tengo rentabilidad, doy un valor añadido al servicio que ofrezco a los vecinos”.

La mujer fija la población
Sandra Gascón considera que las mujeres son las que fijan la población “si nosotras tenemos trabajo, la familia se queda. Cuando paseo por el pueblo me fijo en las casas que tienen flores, las mujeres dan esas raíces a los pueblos, si hay trabajo para las mujeres, un pueblo no se pierde, y además si hay mujeres, vienen niños”.

Amaia Lizarraga, de 22 años, creó un centro de masajes y osteopatía en Añorbe. De familia tradicionalmente agrícola, estudió diversas formaciones en masajes y osteopatía porque “aunque mi padre y mi hermano son agricultores y muchas veces trabajamos en familia en el campo, a mi el campo como profesión no me llama especialmente la atención”.

Cuando terminó de formarse surgió la posibilidad de montarse su propio negocio. “Mi familia ha sido mi gran apoyo y desde UAGN me explicaron la posibilidad de solicitar la ayuda de diversificación”.

Esta joven emprendedora se dedica a prevenir y curar los problemas de salud y bienestar valorando y tratando a los pacientes, aplicando tratamientos con técnicas manuales cuando existe una dolencia, lesión o enfermedad.

“Empecé con muchas inseguridades pensando que la gente podía no confiar en mí porque soy muy joven, pero poco a poco voy venciendo los miedos y el apoyo de mi familia ha sido muy importante y lo que realmente me ha animado a que siga adelante, me han dado mucha seguridad”, dice.

Amaia Lizarraga creó su centro en la planta baja de su vivienda, donde antiguamente su madre tenía una peluquería. “Después de la cuarentena adecentamos la sala y en enero de este año solicitamos la ayuda y empecé a trabajar en marzo”.

Cuenta como el balance de estos meses es positivo con mucho esfuerzo e iniciativa. “En las primeras semanas me centré en dar a conocer mi negocio, colocando carteles, dando tarjetas, creando redes sociales y actualmente hay semanas que viene mucha gente y otras menos, pero estoy muy satisfecha”. Explica cómo “la respuesta de los vecinos esta siendo muy positiva y en el Ayuntamiento también estaban muy contentos, porque son conscientes de que montar un negocio en un pueblo es arriesgado, pero da vida y merece la pena, para el pueblo es muy bueno”.

Sandra Muñoz, responsable de servicios técnicos de UAGN, considera que estas ayudas son fundamentales para fijar la población en los pueblos, con actividades que no son agrarias. “El relevo generacional en los pueblos no siempre se basa en continuar con la explotación agraria y estas ayudas ofrecen una oportunidad para crear nuevos negocios. A UAGN vienen con muchas ideas y nosotros les ayudamos a materializarlas, realizar el plan de viabilidad y presentar la ayuda”.

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