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La luz aprieta al regadío

Juan Sánchez, de Ablitas, y Carlos Sánchez, de Fontellas, dos jóvenes agricultores de la Ribera, explican cómo el encarecimiento de la electricidad estrecha los márgenes y los obliga a buscar fórmulas para ahorrar sin comprometer las cosechas.

Juan Sánchez, en su parcela de alfalfa, en Ablitas.

En el campo, abrir el grifo no es gratis. Detrás de cada riego hay una infraestructura, bombas, energía y una factura que, en los últimos años, ha ido ganando peso en las cuentas de las empresas agrarias. Para el regadío de la Ribera de Navarra, la subida de la electricidad se ha convertido en un coste que asumir, en un contexto marcado también por el aumento del precio de fertilizantes, gasóleo y otros insumos. Juan Sánchez Galindo, de Ablitas, y Carlos Sánchez Mateo, de Fontellas, ambos jóvenes agricultores, narran cómo cada riego agota cada vez más sus cuentas.

          120 hectáreas de regadío, principalmente con alfalfa, maíz, trigo, cebada y festuca, estructuran las parcelas de Juan, para el que el importe del agua ha aumentado aproximadamente un 50%. “Hemos pasado de 0,08 a 0,14”, cuenta. Lo que antes suponía unos 6.000 euros anuales para poner en marcha el regadío, ahora ronda los 12.000 euros. “Antes teníamos un margen de beneficio… ahora tenemos un incremento de gastos que reduce la rentabilidad”, resume.

El agro no puede subir el precio
          “Principalmente tengo que asumir el encarecimiento yo”, aclara Juan, ya que los precios de buena parte de los cultivos están condicionados por el mercado, impidiendo a la persona incidir en ello.

          Carlos, incorporado a la empresa familiar hace cuatro años, coincide. “Si a esto le sumas los incrementos de gasóleo, fertilizantes y semillas, y ves que no repercute tan bien en el aumento del precio del cereal, al final hace que la empresa cada vez sea menos rentable”, lamenta.

          Ante los costes, una de las respuestas sería reducir el consumo de agua. Sin embargo, las plantas necesitan agua para producir: “Si no riegas a demanda del cultivo no sacas cultivo”, continúa Juan, que ha optado por regar durante la noche, con temperaturas más bajas y menor evaporación. Carlos, por su parte, ha incorporado sondas de humedad para conocer cuándo es necesario regar y evitar hacerlo siguiendo un calendario fijo.

Mantener vivo el regadío
          El cambio de cultivo puede ser una alternativa, pero no es una decisión sencilla; y no solo eso: existen otros problemas como los daños provocados por la fauna cinegética, que pueden obligar a realizar nuevas inversiones para proteger los cultivos. “Sin olvidar el problema que tenemos en esta zona con la berruna y el mejillón, que nos impide realizar el riego en condiciones”, añade Juan. El resultado es una acumulación de incrementos que afecta al resultado final de la campaña.

          Ambos opinan que el futuro del regadío pasa por garantizar facturas asumibles y mejorar la disponibilidad del agua. Juan reclama que sea “más barata y de mejor calidad”. Carlos pone el foco en la llegada del Canal de Navarra a la Ribera y reclama medidas que permitan afrontar las subidas crecientes de electricidad, gasóleo y fertilizantes. Dos versiones con una misma alarma: la rentabilidad de producir alimentos en regadío, que condiciona no sólo al sector, sino a su relevo.

Carlos Sánchez, en su campo de maíz, en Fontellas.