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23/09/2026El verano que se comió el invierno
La sequía obliga a adelantar el consumo de las reservas de los meses venideros, dispara el gasto en alimentación y modifica el manejo del ganado. Nerea Mortalena, ganadera de Arraioz, y Julián Esquiroz, de Urbicáin, exponen el impacto en la ganadería
Las ovejas de Nerea Mortalena, en Baztan, salen al exterior, pero apenas encuentran comida. En Izagaondoa, lugar de trabajo del ganadero Julián Esquiroz, los montes están vacíos y las cuadras llenas. La sequía ha cambiado el calendario de las ganaderías; y sus efectos no terminan cuando vuelva a llover.
Para Mortalena, de Indakoa Baserria, la consecuencia inmediata es la alimentación. Buena parte del forraje para pasar el invierno procede de la granja. Este año, sin embargo, han tenido que comprar alimento y empezar a utilizar las reservas ya. El gasto adicional ronda los 6.000 euros respecto al año pasado.
Cuadra llena en pleno verano
Julián vive una situación similar. “Yo tenía en este monte 60 vacas. A mitad de verano, están todas dentro. No ha llovido desde el 14 de mayo”, afirma. Forraje, paja y pienso pasan a utilizarse durante más meses y se añaden a gastos de producción como gasóleo, fertilizantes y otros insumos que también han crecido. El resultado, dice, es “una merma económica terrible”.
Ambos calculan que la recuperación puede prolongarse un año o más. Primero habrá que recobrar los manantiales y los pastos. Después, comprobar si la tierra vuelve a producir suficiente hierba. Y, mientras tanto, habrá que afrontar el desfase generado en las reservas.
Más trabajo y un cambio en el manejo
En un verano normal, las ovejas de Nerea permanecerían en el comunal y el trabajo diario se reduciría a supervisar el ganado. Este año, en cambio, hay que recogerlas por tandas, introducirlas en la nave, alimentarlas y volver a sacarlas.
La situación puede obligar también a tomar decisiones a más largo plazo, como adelantar determinados trabajos agrícolas, acortar los periodos de ordeño o sacar antes a las ovejas para poder realizar el primer corte de los prados con mayor antelación. “Esto va a traer que cambie el manejo de la granja”, resume.
La sequía puede llegar a los partos
El calor, la falta de alimento y la escasez de agua pueden afectar a la fertilidad. En Indakoa Baserria ya han observado animales que no han quedado gestantes en el primer ciclo. Si las cubriciones se retrasan, también lo hacen los partos y, posteriormente, la producción de leche y de corderos.
Es una muestra de cómo un episodio de falta de lluvias puede prolongar sus efectos durante meses y trasladar el problema desde los pastos hasta la producción ganadera.
Una cuestión de viabilidad
Julián vincula esta situación con otra preocupación estructural: el relevo generacional. Mantener una ganadería exige estar pendiente de los animales los 365 días del año. Una dedicación que, junto con la presión económica, dificulta que las nuevas generaciones vean en la ganadería una opción de futuro. Nerea reclama que las ayudas públicas permitan, al menos, compensar el sobrecoste por la sequía. Para ella, las medidas deberían tener en cuenta también las consecuencias sobre la reproducción y la producción de los próximos meses.
Ambos saben que la lluvia es necesaria, pero también que, cuando llegue, no bastará para volver a la normalidad; y el contador, mientras, continúa corriendo.


