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El valor nutricional de la leche es innegable. Su composición equilibrada y completa aporta los ingredientes esenciales para el desarrollo humano en todas las etapas de la vida. Protege el corazón, también el hueso, provee de calcio de fácil absorción, de vitaminas, minerales… Sin embargo, en torno a ella circulan mitos y leyendas de origen incierto que crean confusión entre quienes la consumen.

Por eso hay que saber filtrar, informarse en el lugar adecuado y racionar la credibilidad, la confianza y por supuesto, la sugestión. Por ese motivo, varias sociedades médicas y profesionales de distintos hospitales y ámbitos, desde profesores hasta investigadores, y elaboraron el Libro blanco de los lácteos. Desde su creación en 2014, esta especie de manual pretende enfrentarse a las dudas más frecuentes sobre los productos lácteos, pasando por su composición, sus propiedades, tipos, y efectos generales sobre la salud. Y aclarar algunos puntos básicos que deberían quedar al margen de cualquier confusión.

            En general, cabe destacar diez puntos que podrían generar confusiones acerca del papel de la leche en la alimentación

  1. Ni artificial, ni prefabricada. Todos los tratamientos para eliminar los microbios de la leche recién ordeñada se basan en calentarla, simplemente. Después del tratamiento, sigue siendo un producto natural y cargado de nutrientes, aunque más duradero.
  2. Adultos que beben leche. La dieta equilibrada no tiene edad, y los adultos la toleran igual de bien que los niños. La leche tiene un papel destacado en la alimentación de los más pequeños, que agradecen la ingesta de un alimento tan completo y tan rico en proteína de alta calidad nutricional, vitaminas, minerales e hidratos de carbono. Pero los jóvenes y las personas mayores también tienen necesidades nutricionales que se pueden satisfacer con un aporte lácteo. Conviene recordar que la leche contiene todos los aminoácidos esenciales.
  3. La lactosa no hace daño. Sólo las personas con intolerancia tendrán problemas digestivos al beber leche. Pero los demás pueden disfrutar con gusto de este azúcar natural que sus enzimas digieren sin problema y que, por cierto, no es equiparable a la sacarosa, ni siquiera se metaboliza de la misma forma. Además, la lactosa interviene en procesos importantes del desarrollo cerebral.
  4. La leche vegetal no es leche. Es una bebida vegetal, pero no es leche. Nutricionalmente hay un abismo entre ambas. La leche es muy rica en micronutrientes y proteínas de alta calidad nutricional, pero sobre todo, en calcio, que además se absorbe con mayor facilidad de esta manera que cuando se añade a una bebida de forma artificial. A diferencia de la leche, las bebidas vegetales contienen en la mayoría de casos azúcar añadido.
  5. Ni un extra de colesterol, ni engorda, ni provoca mucosidad. La grasa de la leche aporta tanto colesterol como otras grasas del mismo tipo, nada que ver con aumentos desmedidos. Aunque no es mala idea que las personas que padezcan hipercolesterolemia se decanten por lácteos semidesnatados o desnatados, como quienes deseen bajar de peso, o quienes padezcan hernia de hiato. La leche aporta muy pocas calorías en comparación con su valor nutricional. Y lo del aporte de mucosidad, salvo en el supuesto de una alergia, es ficción pura.
  6. No hay antibióticos en la leche. En España están totalmente prohibidos: por eso, ninguna leche en el mercado los contiene.
  7. Ni más alergias, ni nuevas intolerancias. Menos de un 2% de los niños son alérgicos a la proteína de la leche, y aunque no tienen problema con algunas variedades lácteas como las leches hidrolizadas, suelen vencer a la alergia antes de cumplir los dos años. La intolerancia más frecuente es a la lactosa, y el mercado ya está repleto de productos para hacer frente a este problema.
  8. Los humanos adultos son mamíferos que consumen leche. Son distintos a otros mamíferos en muchos más aspectos, han adquirido algunas virtudes superiores, y ya desde el Neolítico son capaces de obtener leche animal para su consumo. No hay muchas especies agrícolas o ganaderas, y esa condición no las hace más avanzadas…
  9. No hay muchos alimentos que aporten más calcio que la leche. Si se consumiesen en abundancia, podrían aportar suficiente calcio, pero nunca sería calcio de tan fácil absorción. Más que cuánto calcio se ingiere, lo importante es cuánto se absorbe. El calcio de la leche es fácilmente asimilable, y esto lo coloca muchas posiciones por delante de otros competidores. Dicho de otro modo, no hay alimento con más cantidad y calidad de calcio por ración. Basta como ejemplo que para igualar la cantidad de calcio de un vaso de leche, habría que tomar entre 6 y 8 raciones de cereales o verduras, por ejemplo.
  10. La leche ayuda a los mayores. Asegura un buen estado de los huesos y ayuda a prevenir la osteoporosis. Los ancianos necesitan macronutrientes, proteínas, calcio… De hecho, la absorción de este calcio, que es aún mayor si se combina con vitamina D, es fundamental para mejorar la masa ósea y la densidad mineral, evitando el riesgo de caídas y fracturas.
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